Martha en el bosque

Durante el tiempo que llevo trabajando en el Sarasota Art Museum como Visitor Experience Associate, he tenido la oportunidad de interactuar durante varios días con las esculturas de la artista Martha Posner, que forman parte de la exposición Flesh and Bones1.

Más que simplemente observarlas, he convivido con estas figuras hechas de materiales diversos que la artista recogía en (Martins Creek) la granja de Pensilvania que convirtió en su taller a cielo abierto: cera de abejas, plumas, cuernos de animales, troncos de árbol, hojas secas, su propio cabello. Las esculturas de Posner parecen respirar con un resoplido frenético, como un pez recién sacado del agua. Sus obras, en proceso de transformación, heridas y mutiladas, parecen vivas.

Sus figuras están al borde de caer o ascender, transmitiendo el dolor de la transformación: el proceso de convertirse en algo diferente y aprender a moverse con nuevas extremidades, nueva piel, nuevo cuerpo… ¿la misma alma?

Estas figuras, mitad humanas, mitad aves, mitad ciervos, mitad árboles, muestran claramente el proceso de dejar atrás un cuerpo herido y aprender a habitar una nueva forma, mientras la memoria del dolor persiste. Esta imaginería toma inspiración de varias mitologías (particularmente las metamorfosis de los griegos) y crea la suya propia en lo profundo del bosque, donde Martha también confeccionó pieles y máscaras para encarnar ella misma a una bestia: entregándose a los secretos de la vida de los reinos animal y vegetal.

En algunas de sus esculturas, los vestidos de niña cubiertos de cabello (recordemos que el cabello que sigue creciendo incluso después de la muerte) hablan de un cambio de piel. Los vestidos de la infancia se dejan atrás, pero esas armazones guardan la memoria de lo vivido.

Las piezas de Posner están vivas, como todo en el bosque, donde nada muere realmente y todo está en constante transformación: una pluma, un colmillo, una rama, huesos.

En el bosque se respira un tipo de magia antigua, que precede al lenguaje humano. Incluso la muerte en el bosque se siente distinta, más sagrada; la materia se absorbe y vuelve a renacer. En el bosque, las bestias son, de alguna manera, eternas.

Aún dentro de las paredes blancas y bajo la luz artificial del museo, las piezas de Martha, que parecen recién salidas de un sueño, llevan consigo la memoria del bosque, que con sus alaridos y su paz, es un lugar para sanar y transformarse.

  1. En la exposición Flesh and Bones del Sarasota Art Museum, las esculturas de Martha Possner y algunas pinturas coexisten con el trabajo fotográfico de su difunto esposo, el renombrado fotógrafo Larry Fink. ↩︎

Jesús Miguel Soto

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