Algo sobre Nocturno corazón de los insectos, de Ana Corvera

Desde el título este libro promete un viaje a la noche y a la iluminación. Nocturno corazón de los insectos es una novela tejida de poemas. La sensualidad del lenguaje que emplea la autora zacatecana Ana Corvera es la manera más propicia de poder mirar el portento de toda esa fauna sutil.

«En la oscuridad yo veía blancura, me parecía un reino. Lo era porque ese abismo no era negro, sino que contenía todos los colores posibles. Me bastó mirar el rastro de una hormiga empapada de azufre y de miel que iniciaba cada día un porvenir; me bastó observar el gesto de una chicharra cuando al fin contrajo nupcias y siguió cantando hasta la muerte, para entender, niña, que hay un solo nombre que arranca el antifaz que es mitad día y mitad noche, descubriendo la totalidad de la existencia. Pero yo no sé ese nombre. Nadie lo sabe. Por eso, si fijas los ojos en la noche, verás que de todo emerge una silueta azul profundo, y si sigues mirando te estallará en el rostro una luz blanquecina para decirte que de ese color es el alma del mundo».

Entre nosotros y las vidas de los minúsculos seres que habitan el jardín se insinúa un rendija en donde el Universo y su verdad divina, sin lenguaje, se hace manifiesta. Se le intuye como un mínimo relámpago nocturno al que hay que esperar con los ojos bien abiertos. Así, María, la protagonista recorre su minúsculo jardín como quien transita una selva oscura, un mundo primigenio hecho de susurros y gestos fugaces pero totales, y equivalentes al del nacimiento o muerte de una constelación. Como cuando se describe el ritual de los abejones de mayo: «Mientras el tiempo se distrae con las palmeras, los opuestos se entregan a la dictadura de su sexo (…) la pequeña hechicera muere arrojando su fruto, veneno insaciable de raíces».

El camino que insinúa Corvera es reversible, de ida y vuelta, circular. Entraña el gesto de la repetición, del ciclo. El laberinto que se nos abre, como el fruto maduro de una flor, es un vaso comunicante de eterno retorno. El otro jardín, el mar (el mar y los muertos: su padre, y los ausentes: su madre) es un puerto de llegada y de partida. No es un camino de ascensión sino de ida y vuelta. Lo dice mejor Corvera:

«Hay que dejarse atraer hacia lo oscuro, es un sinónimo del principio. El río finge que se va y siempre regresa, esa es la forma en la que el estanque devuelve poco a poco las cosas al silencio de dónde vinieron».

De la palabra al silencio iluminador. Y luego el camino a la inversa.

De resto, y no es poco, es un libro esculpido con suma delicadeza. Acaso fabricado por un ciego que en cada cincelada sabe que se juega la obra entera y por ello sabe que le debe atinar a cada frase. Páginas para deleitarse en el lenguaje, y también para lamentarse de la experiencia ida, de la frágil memoria.

«Quienes se disponen a llenar sus pupilas, están condenados a no conseguir la meta. Habrá algo que les falte, un animal, un rostro, un grano de arena. Un ojo se quedará con los momentos felices; el otro vivirá temeroso, a merced de ver perdidas tantas cosas como hubiera deseado conservar, incluidas la casa, las voces, la ternura de la mujer que más se haya querido».

Es la idea del ciclo, de lo que el mar lleva y trae, del sexo y la muerte, de los recuerdos y del olvido. Así es el doble fondo de ese jardín.

Jesús Miguel Soto

3 respuestas a “Algo sobre Nocturno corazón de los insectos, de Ana Corvera”

  1. Avatar de Aracelyvalladolid50@gmail.com
    Aracelyvalladolid50@gmail.com

    Me encanta esta página.
    Gracias

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  2. Avatar de JMS
    JMS

    Gracias por la lectura.

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  3. Avatar de
    Anónimo

    Qué hermosa reseña, muchas gracias J.M. Soto.

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