Algo sobre el bazo y El loro de Flaubert

Hay una página en la novela biográfica El loro de Flaubert, de Julian Barnes, en la que el autor de Bouvard y Pécuchet le responde a su padre médico una inquietud: para qué sirve la literatura. Lo hace con otra pregunta (¿Para qué sirve el bazo?) que de inmediato resuelve: «Ni tú lo sabes, ni yo tampoco, como no sea que resulta tan indispensable para nuestro organismo corporal como la poesía para nuestro organismo mental». Barnes anota que de este modo el literato derrota al padre cirujano. Pero luego Barnes deja caer lo que bien pudo haberle respondido el padre a su hijo a luz de hoy:

El bazo (…) tiene  gran importancia porque retira de la sangre los glóbulos rojos viejos o estropeados. Es generador de anticuerpos: los individuos a los que se les ha quitado el bazo producen menos anticuerpos. Hay pruebas de que existe un tetrapéptido llamado tuftsina que se deriva de las proteínas producidas por el bazo. Con la extirpación del bazo, sobre todo si ocurre durante la infancia, aumentan las posibilidades de que la persona padezca meningitis y septicemia; no obstante, en la actualidad ya no se considera que el bazo sea un órgano esencial. Puede ser extirpado sin que el individuo sufra una pérdida notable de actividad.

Es verdad, ya no estamos en el siglo XIX y el bazo, las novelas y la literatura representan acaso algo muy distinto. Su esencialidad habría que buscarla en otra metáfora. Respuesta mejor sería la que escribió Flaubert en una carta a Louise Colet (referida en el mismo libro): “Todo lo que inventamos es cierto: puedes estar seguro. La poesía es tan precisa como la geometría”. He allí no un bazo, apéndice o dedo meñique del pie sino la siempre renovada invención-creación de un órgano siempre más inútil, más divino, más esencial.

 

JMS

 

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