Gracias a mi apreciado Iosephus llegué al libro Gog, de Giovanni Papini. Mejor dicho, ya había llegado a este libro pero no había entrado a ninguna de sus páginas.

Después de la introducción, donde se presenta al personaje Gog, se narra la obtención de los papeles en los que apuntó sus entrevistas, viajes y proyectos y se nos advierte que “en ese cínico, sádico, maniático, hiperbólico semisalvaje” hay un “símbolo de la falsa y bestial civilización cosmopolita”, se puede saltar a cualquier otro de sus más de sesenta capítulos: es casi indiferente el orden en que se recorra porque el ingenio está repartido por igual en cada uno. Gog, un millonario excéntrico que “quiso proporcionarse todas las formas del epicureísmo cerebral de nuestros tiempos” busca audiencia o recibe a personajes que le exponen ideas y proyectos estrafalarios.

Personalidgog papini portada.jpgades como Gandhi, Einstein, Freud, Henry Ford, Lenin, Gómez de la Serna, Edison, Pitágoras reencarnado, H. G. Wells, Hamsum junto a tahúres, médiums, caníbales, genocidas, cirujanos, entomólogos, artistas, historiadores, urbanistas, juristas y megalómanos de toda calaña le comparten a Gog sus proyectos e inquietudes casi siempre inclinados a la domesticación de la especie humana o al menos acusan su sobresalto respecto a la interpretación de los destinos de la civilización.

Un músico macedonio que ha inventado la nueva música sin instrumentos y ha escrito (se ha apropiado) una sinfonía hecha de sonidos naturales. La aspiración de Henry Ford de “fabricar sin ningún operario un número cada vez mayor de objetos que no cuesten casi nada”. Una isla de muy limitados recursos que sobrevive gracias a “una extrañísima ley: la de que a cada nuevo nacimiento debe seguir una muerte, de manera que el número de los habitantes no rebase nunca el de setecientos setenta”. Un profesor que propone el (“lógico, natural y satisfactorio”) método de escribir y leer la historia al revés, como si el propósito estuviese en el principio y las causas ocurrieran después. Un jurista que considera ridículo el sistema de derecho occidental y propone el castigo preventivo a inocentes antes de que comentan crímenes. Un Lenin que confiesa que su Estado bolvechique es una prolongación perfeccionada de la estructura zarista. Un Freud que se descubre poeta y novelista bajo la máscara de hombre de ciencia. Un Gandhi que se reconoce como europeo y no como hindú. Un noble embrutecedor que pretende salvar a la especie humana devolviéndola a su estado animal.

Hay en varios de esos proyectos una voluntad de refundar el mundo, o de refundirlo, de sanearlo a la manera de los horrorosos totalitarismos del siglo XX. Gog fue publicado en 1931 pero en sus páginas bien pudo estar anotado el inverosímil proyecto de un científico tecnócrata que consistiera en la exterminación de grupos humanos mediante un protocolo que incluyese cámaras de gas y hornos de cremación.

También hay acá una rotunda vuelca de tuerca a postulados preconcebidos de la historia, la ciencia, la filosofía, la psicología, la antropología. Predecesor de los universos borgianos en los que se juega a retorcer la lógica, a reescribirla desde sus cimientos y a ponerla a andar en mundos fantásticos pero verosímiles, Papini arroja mirada irónica, lúdica y poco complaciente a nuestros propósitos y despropósitos. Las páginas de Gog son en buena parte un enorme caleidoscopio del horror humano, de nuestra naturaleza, de los proyectos insensatos que nos enfrentan no sólo a la locura ajena sino a la propia, a la locura lógica con que hemos erigido el actual edificio del mundo.

Gog, el personaje (mezcla del demonio Asmodeo y de Calibán, por su “agudeza cínica” en el uno y por su “ciega torpeza de bruto” en el otro), aspira ser un crosmócrator a quien la dominación del mundo no le basta y a quien “nadar en oro” le resulta inviable e incómodo en la praxis.

“Pienso a veces que Asia podría ser mi factoría; África, mi campo de caza o mi jardín de invierno; América del Norte, mi fábrica con las administraciones anejas; la del Sur, los pastos para mis rebaños; Europa, mi museo y mi villa de descanso. Pero sería siempre una manera mezquina de vivir”, se lamenta Gog. A él las mundanas formas del poder aunque sean hiperbólicas terminan por aburrirle, y sólo la destrucción lo aliviría del tedio vital que lo aqueja: “No pudiendo ser demiurgo la carrera de demonio es la única que no deshonra a un hombre que no forma parte del rebaño”.

Pero al final (si creemos en la sabiduría del compilador al ordenar cronológicamente los papeles de Gog) el pan de una anónima y pobre muchacha campesina, ofrecido con dulzura y con palabras sencillas a un Gog hambriento y voluntariamente entregado a la indigencia parece que puede liberarlo. La comunión con ese pan familiar acaso sea capaz de apaciguar al demonio, de devolverlo a otra forma de locura, no de las vanidades, sino de la belleza de lo simple.

¿Será éste el verdadero alimento del hombre y ésta la verdadera vida?”, se pregunta Gog después de morder el pan con auténtica voluptuosidad.

JMS

 

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PS:

1) En El Libro Negro, escrito por Papini después de la Segunda Guerra Mundial, se continúan las andanzas de Gog.

2) Acá, textualmente, algunas de las partes que me parecieron más agudas y memorables del Gog:

Gandhi: “Son los europeos, y únicamente los europeos, los responsables de nuestro deseo presente de arrojar a los europeos (…) Si la India hubiera permanecido puramente hindú, es decir, fiel a Oriente, toda contemplativa y fatalista, nadie de los nuestros habría pensado en sacudir el yugo inglés (…) Éste es el verdadero secreto de lo que se llama movimiento gandhista, pero que debería llamarse propiamente movimiento de los hindúes convertidos al europeísmo contra los europeos renegados”.

Un historiador: “Observe que un acontecimiento no adquiere su luz y su importancia más que después de decenios o tal vez después de siglos (…) Sin haber narrado la aventura de Napoleón no se comprende nada de la Revolución francesa, y sin la Revolución no es posible tener una idea profunda de Luis XIV y de Luis XI. La última guerra europea es una premisa indispensable para reconstruir la formación de las monarquías nacionales en el cuatrocientos y en el quinientos. El después es lo que explica el antes, y no viceversa”.

Freud: “En el Psicoanálisis se encuentran y se compendian, expresadas en la jerga científica, las tres mayores Escuelas literarias del siglo XIX: Heine, Zola y Mallarmé se unen en mí, bajo el patronato de mi viejo Goethe” (…) “No hice nada más que obligar a mis enfermos a proceder como Goethe. La confesión es liberación, esto es, curación. Lo sabían desde hace siglos los católicos, pero Víctor Hugo me había enseñado que el poeta es también sacerdote, y así sustituí osadamente al confesor (…) El Romanticismo, que recogiendo las tradiciones de la poesía medieval, había proclamado la primacía de la pasión y reducido toda pasión al amor, me sugirió el concepto del sensualismo como centro de la vida humana. (…) El Naturalismo, y sobre todo Zola, me acostumbró a ver los lados más repugnantes, pero más comunes y generales, de la vida humana (…) El Simbolismo, finalmente, me enseñó dos cosas: el valor de los sueños, asimilados a la obra poética, y el lugar que ocupan el símbolo y la alusión en el arte, esto es, en el sueño manifestado”.

Lenin: Todo estaba hecho antes de que llegásemos nosotros. Los extranjeros y los imbéciles suponen que aquí se ha creado algo nuevo. Error de burgueses ciegos. Los bolcheviques no han hecho más que adoptar, desarrollándolo, el régimen instaurado por los zares y que es el único adaptado al pueblo ruso. No se pueden gobernar cien millones de brutos sin el bastón, los espías, la policía secreta, el terror, las horcas, los tribunales militares, las galerías y la tortura. Nosotros hemos cambiado únicamente la clase que fundaba su hegemonía sobre este sistema. Eran sesenta mil nobles y tal vez unos cuarenta mil grandes burócratas; en total, cien mil personas. Hoy se cuenta cerca de dos millones de proletarios y de comunistas. (…) Los hombres, señor Gog, son salvajes espantosos que deben ser dominados por un salvaje sin escrúpulos, como yo. El resto es charlatanería, literatura, filosofía y músicas para uso de los tontos”.

 

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