En su novela Colección particular, Gonzalo Eltesch visita ese laberinto de afirmaciones, suplantaciones y trechos oscuros que llamamos memoria. Lo hace no solo contando una historia personal que admite ser prodigada por una memoria, que por selectiva, le despoja de recuerdos vitales, falsea algunos y apuntala otros.
En ese ejercicio de memoriar (un verbo que no recuerdo a quién le copié, si es que lo hice), el autor se pregunta si “La imaginación es como recordar. ¿O es como confundir del recuerdo?”, como si la posibilidad de una total claridad estuviera de antemano negada, como si recordar fuera una elección pensada, y en todo caso mediada por las palabras que se escogen (o nos son dadas) para hacerlo; y finalmente como si fuera un acto que no solo incluye los recuerdos propios sino los ajenos. Breve y significativo ejemplo de ello es cuando a la abuela le comienzan a contar su propia vida de nuevo ante su imposibilidad de hablar y “saber realmente qué recordaba”, o cuando el personaje confiesa: “Este recuerdo no es mío pero es necesario” y más adelante (o más atrás, porque es un libro que puede e invita a leerse no es línea recta sino en un sinuoso transitar, como el mismo acto de recordar) se refiere a buscar “ese origen incierto de mi vida en los versos de otros”.
Un bello libro, de prosa sugerente, delicada y que me hace pensar en un conjunto de postales sueltas, ajenas, como aquellas postales escritas que para el personaje de esta novela fueron sus primeras lecturas: recuerdos ajenos, una colección particular de elecciones y también de omisiones, de escamoteos, de invenciones.
JMS
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