Hace poco descubrí la fina prosa del brasilero Raduan Nassar. Entiendo que es un autor de pocos pero suficientes libros. Tres. Sólo diré que en las escasas ochenta páginas de su novela Un vaso de cólera cada frase pesa
como un plomo esculpido con rigor de orfebre. Entre una pareja hay un contrapunteo sexual y dialéctico de intensidad creciente que se desborda en un trago de violencia. Mascarada entre el niño y el macho, entre la madre y la esclava, la “bronca” y sus prolegómenos se anclan en una frase que escupe el hombre en algún momento de la discusión: “La razón jamás es fría y sin pasión”, he allí la regla que aprieta los contornos de esa contienda física y verbal.
Pero lo trascendente acá no es la historia de ese incendio sino la luminosidad del lenguaje que lo forja: “los dos de rodillas calculábamos el camino más largo de un único beso” / “yo tenía unos hilos blancos, cronológicos, surgidos de la disciplina del tiempo” / “es fácil concluir que dos y dos son cuatro a la sombra de la higuera, lo que quisiera ver es sacar líneas y otros segmentos, cerrar rigurosamente un círculo, en fin, demostrar un teorema en plena hoguera del infierno” / “por eso forjé una víbora con el músculo vigoroso de mi lengua, y le modelé una cabeza y una sórdida altivez” / “y seguí gritando, sabiendo que le abría para siempre en la memoria una cueva honda”.
Hay que celebrar y agradecer la traducción de Juan Pablo Villalobos, de quien son las citas acá utilizadas.
JMS
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