Radiografía de un tirano

Demoledora la vigencia del tratado De la tiranía (1789), de Vittorio Alfieri, uno de esos faros que no quisiéramos tener que necesitar; pero en el océano de nuestras pasiones, instintos y lastres que cada tanto nos hacen naufragar su fulgor advierte sobre las sinuosidades (más bien las líneas rectas) de esas rutas hacia infiernos abisales que nos empeñamos en repetir.

Primero entusiasta y luego detractor de la Revolución Francesa, y del sabido horror en que suelen desembocar las revoluciones y las monomanías, Alfieri fue siempre un defensor acérrimo de la libertad, y en las páginas de este tratado nos recuerda que la libertad es parte esencial de la vida y de allí la imperiosa necesidad de resistir a las tiranías que quieren escamoteárnosla.

Grosso modo la tiranía es el ejercicio del poder sin límites y sustentado en tres pilares: “miedo, milicia y religión”, pata del trípode que podríamos sustituir hoy en día por pensamiento mágico-tecnócrata delineado por asesores publicitarios, pues la tiranía se justifica en la promesa de un mundo mejor, hombre nuevo o cualquier otra versión del paraíso.

En cuanto al miedo, Alfieri alude mayormente al miedo que le tiene el súbito al tirano; aunque también habría que anotar que entre los súbditos más dóciles la tiranía promueve una forma de miedo peculiar, que es el miedo a la ausencia del tirano (en un supuesto escenario donde la tiranía es el mejor de los mundos posibles).

Sobre la fuerza militar no hay que decir más; es la misma violencia física de todos los tiempos en su estado más brutal, acaso más letal ahora tanto por el armamento como por su difusión en medios digitales: una violencia que castiga no sólo al que la padece sino que hiere y puede desmoralizar (aunque también insuflar, pero esto ya es otro tema) al que la ve; recordemos que no hay un prurito excesivo en la villanía para esconder sus desmanes; por lo contrario es símbolo de virilidad y supremacía.

La función de esos tres pilares es socavar al individuo desde lo moral, lo físico y lo espiritual, hacerlo ceder (llevarlo a estado vegetativo) para que el tirano pueda cabalgar o bailar con la menor fuerza de roce posible. La fórmula poco ha variado, se somete primero el cuerpo y luego el alma; y aunque al revés también funciona, he allí su victoria total pues “una vida sin alma es, sin duda, el medio más seguro y más sencillo para vivir mucho tiempo tranquilo bajo la tiranía”.

Por su puesto que quedan fuera detalles, la sofisticación de muchos de sus métodos, pero en esencia la radiografía que hace Alfieri de la tiranía sigue siendo muy precisa y, por desgracia, bastante actual:

  1. Un tirano es aquel que por diversos modos ha adquirido la facultad ilimitada de hacer daño.
  1. Un gobierno tiránico puede disponer de las cosas a su antojo, arrebatándolas a sus súbditos bajo un velo aparente de justicia; al punto de convencerlos de que lo poco que les deja es producto de su clemencia.
  1. Se debe dar indistintamente el nombre de tiranía a toda clase de Gobierno en el cual la persona encargada de la ejecución de las leyes puede hacerlas, destruirlas, violarlas, interpretarlas, entorpecerlas, suspenderlas, o simplemente, eludirlas con la certeza de la impunidad.
  1. Hay una perfecta tiranía en todo Gobierno en que el encargado de la ejecución de las leyes jamás rinde cuenta de su ejecución a quienes las han creado.
  1. Todo poder que no reconoce límites es ilegítimo.
  1. Los hombres que se acercan al tirano son siempre los más miserables.
  1. Cuando el temor ha sido en extremo terrible, el placer que se experimenta al verlo disminuir en dos terceras partes, hace que la otra tercera parte que queda no cuente para nada.
  1. Toda fuerza ilimitada es, pues, por ella misma, siempre o en su origen o en sus progresos, una atroz y manifiesta violación de los derechos naturales y sagrados de todos.
  1. Las tiranías modernas (a diferencia de las antiguas) no arrasan militarmente con todo el poder precedente civil y legal; sino que disfrazadas, dicen surgir de un orden legal ya establecido en determinado pueblo. Entonces, de una tiranía oculta bajo la vestimenta de un poder civil y legítimo se desprende una tiranía más duradera y por tanto funesta a diferencia de una tiranía que hubiese llegado a la fuerza sin valerse de ninguna máscara o excusa como por ejemplo defenderse de un Estado enemigo.
  1. Los tiranos sintieron entonces la necesidad de conservar entre ellos y el pueblo una clase que pareciese un poco mas poderosa que el pueblo y bastante menos poderosa que ellos. (Esta clase obra contra el pueblo de manera más vil de la que obraría el propio tirano).
  1. Para poder establecer un nuevo orden (aunque sea de causas justas y beneficiosas) debe hacerse por la fuerza y es en medio de sangre y lágrimas que los pueblos pasan de la esclavitud a la libertad, incluso más sangre y lágrimas que cuando pasan de la libertad a la esclavitud.

 

 

JMS

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