El abismo bajo el volcán

Entre los varios lugares comunes que no podemos evitar cierto tipo de extranjeros que venimos a dar al DF están el irse a buscar un café con leche en la calle Bucareli y aludir a ese abismo americano descrito en la novela Bajo el volcán, de Malcolm Lowry.

portada bajo el volcanEl México de Lowry es una tierra de fantasmas; Quauhnáhuac (vocablo náhuatl que se castellanizó en Cuernavaca) es un Comala en el que los fantasmas aún no se acaban de despojar de su corporeidad pero no por eso están más lejos del Tártaro. No en vano la historia de esta novela ocurre un Día de Muertos.

¿Pero qué es el infierno acá, al menos desde la lúcida e intoxicada mirada de un europeo en decadencia?: “desolado esplendor”, “fantasmas de jugadores arruinados”, “aburrimiento del tiempo”, son el tipo de imágenes que se reiteran para tatuar esa impresión de que es un lugar de transición después de la caída.

“Quauhnáhuac era, en ese aspecto, como el tiempo: por doquier que se mirase estaba aguardando el abismo a la vuelta de la esquina”, escribe Lowry para que bien imaginemos al ebrio cónsul Geoffrey Firmin prolongando el equilibrio (o desafiándolo) en el largo preludio de su hundimiento, durante el que parece tener la certeza de que “a través del infierno hay un camino, como bien lo sabía Blake”.

El alcohol en sus muchas formas -pero sobre todo en el mezcal- es ese camino, o es la pócima que bien le permite transitarlo para ser capaz de admirar las sinuosidades del abismo sin sucumbir ante los horrores propios del vértigo. En una escena en la que el cónsul está en una cantina con su (ex) mujer Ivonne, asistimos a la aparente lucidez de él en esta tierra de fantasmas, una lucidez a la cual sólo el divino veneno del mezcal le ha franqueado el acceso; y es cuando contemplan a una anciana que aprieta una gallina contra su pecho (y que no puedo dejar de ver como una muda sibila), y el cónsul le dice a Ivonne: “¿cómo esperas comprender, a menos que bebas como yo, la hermosura de una anciana de Tarasco que juega al dominó a las siete de la mañana?”. He allí una marca en la que sabemos que ya ha empezado su irreversible comunión con los fantasmas.

Así como en los linderos del pueblo hay un virgen de los desposeídos a la que sólo acuden los miserables “que no tienen a nadie”, Quauhnáhuac, bajo las faldas del volcán, es también el territorio que parece llamar a quienes lo han perdido todo, a los jugadores que ya se acabaron su última carta.

Por algo la cantina que visita Firmin se llama “El Farolito”, cuya trémula luz nocturna ilumina el camino hacia las profundidades de riscos insalvables. Imagino que el cónsul no es capaz de entender a los personajes que habitan ese mundo subterráneo, aunque sí es capaz de admirarlos y de comulgar con ellos aunque sean precisamente ellos los ejecutores de su fatal desenlace. Y acaso porque el cónsul logró entrever las coordenadas precisas, fue que encontró el resquicio para el acceso: “Directamente en su base (la del Popocatépetl) estaban la barranca y El Farolito. ¡Bajo el volcán! Por algo los antiguos situaron el Tártaro bajo el monte Etna, y en su interior el monstruo Tifeo con sus cien cabezas y sus ojos y sus voces…”.

Así, Bajo el volcán de ardiente lava, en la “oscuridad de los caminos del recuerdo”, nos insinúa que el infierno no es el lugar que se vislumbra en el fondo del abismo, sino que el infierno es en sí mismo es el acto en gerundio de caer, el no estar en ninguna parte (exiliado y ajeno a este mundo): “Todavía no era el fin completo. Era como si su caída se hubiese detenido sobre un estrecho borde, borde desde el que no podía subir ni bajar, y sobre el cual yacía bañado en sangre y medio aturdido mientras que allá abajo, en las lejanas profundidades, aguardaba bostezando el abismo”, escribe Lowry en el último acto de su tragedia.

JMS

Las citas son de la traducción de Raúl Ortiz y Ortiz. Ediciones Era, 1964.

PS: Uno de los más memorables capítulos de Rayuela podría ser el 118, que es una cita de un diálogo de Bajo el Volcán “¿Cómo convencerá el asesinado a su asesino de que no ha de aparecérsele?”; palabras en donde a la luz del farol sugieren la laxitud de esos límites borrosos entre el mundo del infierno y de éste, y que advierten sobre la irresoluta forma en cómo se fraguan los pactos entre ambos.

Una respuesta a “El abismo bajo el volcán”

  1. Avatar de Reina
    Reina

    Excelente este bloc. Es u a manera fácil de obtener información en cuanto a las última tendencias de la buena lectura y los lugares dónde disfrutarla. Muchos Éxitos y Bendiciones.

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